Más de 900 personas se dan cita en el mítico club
BEATRIZ DÍEZ MAYANS
EVENTOS DEL VERANO.- Prueba superada. A pesar del insoportable calor, a pesar de la inspección de Trabajo -que pilló por sorpresa a los organizadores- y a pesar de la gran multitud de gente (casi 900 personas o, lo que es lo mismo, unas 200 más de lo que estaba previsto), fue todo un éxito. Quien tuvo, retuvo suele decirse y el Club de Mar lo ha demostrado. Uno de los clubes más glamurosos de los 70-80 en Palma de Mallorca no sólo pareció resucitar ayer noche, sino que lo hizo con fuerza.
Club de Mar acaba de cumplir 40 años y ayer lo celebró con una fiesta por todo lo alto. A lo largo y ancho del parking y el muelle del club, se dieron cita algunas de las personalidades más destacadas del panorama social balear. A nivel político estaban los máximos representantes, que no se pierden un sarao (y más les vale porque si no se interpretaría como una falta de apoyo al empresario, el mismo al que le piden que nos saque de la crisis). Desde el presidente de la Comunidad Autónoma, José Ramón Bauzá, hasta la nueva delegada del Gobierno, Teresa Palmer, pasando por el alcalde de Palma, Mateu Isern, y el conseller de Turismo, Carlos Delgado. Todos estaban allí.
La noche empezó a 40 grados (o al menos esa era la sensación térmica) y con un breve discurso del presidente del Club de Mar, Borja de la Rosa. La maestra de ceremonias fue Ana García Siñeriz, reconocida periodista del mundo audiovisual nacional, que estuvo acompañada del polifacético Fernando Schwartz. Y digo polifacético porque ha hecho un poco de todo: presentador, diplomático, escritor…
Tras los discursos, y previo aperitivo a base de cucuruchos de bacalao y ‘quiche’ de mejillón (toda una delicia para el paladar), empezaron a salir los platos principales. Fideuá, una especie de mini pizzas, gazpacho de cereza con bogavante y algo parecido a un emparedado de ternera entre muchos otros que no tuve oportunidad de degustar. No porque no hubiera suficiente cantidad (algo habitual en este tipo de eventos), sino porque ya no podía más. Si algo había era comida.
Una cuidada selección gastronómica que llevaba la firma de Benet Vicens, chef del restaurante del Club de Mar ahora conocido como Bens d’Avall Club de Mar. Una delicia para los comensales que, además, pudieron acompañar la cena con una refinada y cuidada coctelería. Daiquiri de fresa, Tom Collins o el clásico Gin Tónic con pepino y pimienta rosa eran los más demandados por los sedientos, y acalorados, invitados.
Unos invitados que, además, disfrutaron de la Big Band que tocó sin cesar sobre una plataforma flotante ubicada en el mar y preparada para la ocasión. Elegante y bonito. Eso sí, un poco peligroso en caso de marejadilla.
Y así, entre cócteles y algún que otro mini polo de naranja, pasó la noche. Poco a poco las americanas, condición inapelable del dress code de la noche, decoraban las sillas del lugar para dejar paso al aire fresco que, de axila en axila, alivió a más de uno. El calor iba en aumento y las ganas de tirarte al mar, entre velero y velero, también. Una fiesta como pocas que deberemos esperar 40 años más para volver a vivir. Así sea y que todos lo veamos.








